Avances de doña Noche: capítulo 3

con cara de "por favor no cantes"

con cara de “por favor no cantes”

 

Ha pasado ya casi un mes desde que la Noche llegó a casa.

Llegó pesando algo más de dos kilos y medio, y ahora fácilmente pesa cinco kilos. Está grande, grande, grande.

¿Muy grande? Probablemente.

Su musculatura es como la de un clásico perro deportista, de esos que son fortachones, como de exhibición, pero de tamaño no tan aguerrido. Mi novia dice que yo la engañé, porque en algún momento le dije que iba a ser pequeña, y no pues, no fue así. ¿Tal vez alcance 12 kilos, 8 kilos en su etapa adulta? No lo sabremos hasta que sea grande.

Pero dejémonos de tonteras, la Noche ha crecido en gracias, en ladridos y en pelos negros por toda la casa. Tiene un carácter bien especial, como buena hija de dos mamás colorientas, buenas para la hiperdramatización, la Noche no podía ser discreta. Todo es enorme, maravilloso, sublime para esta pequeña peluda negra.

¿Qué ama la Noche? Las botellas de plástico. Sus trenzas de jeans, baboseadas hasta el cansancio. Ama su camita nueva, un nido de color azul con perritos estampados, ama sus golosinas (díganse “treats”, cochinás para perritos). Ama hacer PEBRE su mantilla-pañal, sin importar qué tan llena de pipí esté. Ama ir de paseo, ahora que puede caminar con su correa, pero sobretodo, ama las palomas, el pasto, la caca de otros perros, los potos de otros perros. Ama ladrar, también, llenando el piso del edificio.

¿Mi novia y yo? Nosotras amamos a la Noche. Es una fuente de chistes, y unos aullidos-conversación bien graciosos. Aparte de decirle “Noche”, mi nena le dice “Pollolla”, “Guagua”, “Cosita”, “Bolola”, “Cuki”, “Monona”. Cada día le suma más nombres, para risa de las dos.

¿Que si hay problemas? Claro que los hay, ¡es un cachorro de 3 meses! Se ha comido de a poquito una caja donde guardo mis croqueras llenas de monos, el gato Sinforoso (alcancía de yeso) ya tiene una oreja menos, y de noche pillo piscinas de pipí fuera de lugar. Imagino que si hablo con Ethosvet las cosas debieran tener una solución, como también en el caso de la mordida, un arma de uso frecuente en la Noche. Y pucha que duelen sus colmillitos de yacaré enano.

Los días pasan lento para la Noche, pero para nosotras que la vemos crecer con rapidez parece que ya han pasado años. Es extraño, porque de a poco podemos establecer puentes perro-humano, y vamos entendiendo lo que quiere “decir”, claro, de modo precario.

Y eso es más que factible, que nosotras como humanas no entendamos mucho o casi nada de ellos, pero que ellos, los pupos, con su infinito espíritu, nos entienden mucho mejor.

Y se nota día a día en el caso de la Noche: es puro amor, rabioso, apasionado e impetuoso.

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