[historia] Makoto

Makoto (o Mako) fue un regalo a medias. Digo esto sin resentimiento, si no que con toda clase de propiedad: una amiga muy preciada tenía una poodle blanca, y cada vez que yo la veía, me derretía. Sí, un poodle es un pupo fifí, de chalet, pero la Mako resultó ser otra cosa muy distinta. Mi amiga, al ver el estado de felicidad en que me veía caer cada vez que aparecía un perro en escena, decidió que compraríamos juntas un compañero o compañera para mí.

 

Es verdad, no me gusta eso de comprar perros. Los amigos no se compran, se adoptan. Por eso Mako fue regalada a medias, porque tuve que poner un poco de plata para tenerla. El resto lo puso mi amiga. Y fue tan poco lo que pagué por ella, que casi fue pillarla en la calle.

 

Un día soleado, la fuimos a buscar con Ran, mi amiga, por ahí por Las Rejas. En un living chiquito, nos presentaron a dos hermanos, macho y hembra. Entonces, ella saltó, hizo cabriolas, me miró con sus ojos de Media Hora, y luego no me quedó otra que sucumbir. La Makoto (“Lealtad”, en japonés) era una bola negra rizada, que llegó el año 2004 para cambiarme la vida.

mako

Eso sí, con su peludez casi irreal, la Mako pasó por el yugo dulce pero firme de mi educación. Con paciencia, le enseñé tantos trucos y órdenes como me permitió el tiempo, en esa época, de tesis de Diseño Gráfico. Mako me acompañó a sacar fotos por todo el centro, viajó en bus y en colectivo desde San Bernardo, sentada, apacible, sin siquiera chistar. Aprendió a sentarse en sillas, mientras me tomaba un jugo, y yo aprendí a hablarle con calma, para que nada la perturbara. Iba yo con ella, ella iba conmigo.

 

Desde esa época ya van 8 años, casi 9. Mako pasó por un episodio cruel de parvovirus, cuando era pequeña, y la salvamos con suero y amo ante tanta gravedad. Desde entonces no se ha enfermado más. En su negrura de noche sin estrellas, ha acompañado a toda la familia en pérdidas, en felicidad, en momentos inolvidables, incluso, abriendo el corazón de quienes nunca han querido a los perros.

 

Con el tiempo, me cambié de casa, y como si fuera una soldado muy firme, y muy educada, tuve que dejarla con mi madre, ya que un departamento de 30 metros cuadrados no iba a ser jamás un hogar digno. Nunca dejo de pensar en ella, y en lo mucho que la quiero, pero sé que mi madre la adora, y que ella también, hasta el punto de cambiar sus hábitos perrunos por estar a su lado. Es así como la Mako decidió ser más amplia en su amor, y adoptar a mi madre con generosidad. Yo reconozco mi falta, y creo que Mako me lo reprocha cada vez que puede, aunque le dura muy poco: siempre vuelve a su primer año de vida cuando me ve, corre, me sonríe, y se recuesta sobre mis piernas, como queriendo decir “yo siempre te he querido”.

 

Mako es la poodle más negra del universo. Y a la vez, la más luminosa. Y tengo que dar gracias por tenerla, aunque sea de lejos.


Pilarnaturali es ilustradora, fotografa y muy buena persona. La pueden encontrar aquí.


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Comments: 4

  1. XimBanshee 30 enero, 2013 at 1:18 pm Reply

    he tenido el gusto y la suerte de conocer a la Mako, se ve en su mirada que es fiel amiga y cariñosa a morir, cada vez que la he visto (que han sido poquitas lamentablemente) me he derretido!
    <3

  2. Noé 31 enero, 2013 at 12:02 pm Reply

    Mi Matilde también es una poodle pero blanca,adoptadita,pensé en ella todo el rato mientras leía…cuando llego a nuestras vidas cambió todo…mi esposito que no estaba ni ahí con los pupos ahora la adora y piensa en lo mal que esta la gente cuando los maltrata o abandona…me encantó la historia!!!

  3. Lali 21 febrero, 2013 at 12:15 am Reply

    Que bella historia, me sentí plenamente identificada. También tuve que dejar a mi hermoso pupito, el “Flaco” con mis padres, también por departamento chico. No hay día que no piense en él, es terrible realmente. Sé que está mejor, pero vivir sin él y sus gracias, su carita de poto cuando tiene tuto, sus quejidos de regaloneo, sus ojitos, es duro.
    Muy bonito el blog, saludos a todos los pupitos del mundo
    Lali

  4. [...] No, no me he olvidado de la Mako, la poodle negra de la que les conté acá mismo. Sigue perfecto, pero le pertenece en verdad a mi [...]

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