Los primeros días de la Noche

Suena extraño, ¿cierto?

Es que le pensaba poner “Cookie”, como “Chocolate Chip Cookie”, porque la había visto algo café en las fotos de twitter. Sebastián (@Sebarp) la promocionaba con un poco de tristeza, y justo, JUSTO la ví. Era hermosa, y ya que pensaba adoptar un cachorro desde hace algún tiempo con mi pareja, fue como una adopción no-compulsiva.

Iba a recibirla el día 2 de septiembre, pero las cosas se adelantaron. No teníamos nada en la casa para poder recibirla, ni camita, ni juguetes, ni comida, nada, pero la fuimos a buscar igual.

Allí Sebastián nos contó junto a su señora que la habían pillado en la calle, botada. Cómo, en qué circunstancias, no lo sé, pero viene de la calle, tal vez de San Miguel.

“Crecerá hasta ser del porte de un cocker, de unos 12 kilos”, me dijeron y altiro pensé “¿No será mucho…?” Miré a mi novia, que estaba pegada mirando a la perrita, asintiendo.

 

Era nuestra.

 

Los chicos me regalaron su antiparasitario, correa para sacarla de paseo y una bolsita de comida bacán. Además, me obsequiaron consejos, y los plazos que les había dado el veterinario para darle sus vacunas, y todo. Honestamente, agradezco estos detalles por parte de ellos, que estaban con los ojitos vidriosos viendo cómo se iba la pequeña. Se habían encariñado mucho.

De ahí, llevándola en brazos, caminamos un par de cuadras. Mi pareja se la llevó casi todo el camino, hablándole en un tono tierno. “¿Cómo le vamos a poner? porque no tiene cara de Cookie”.

Era cierto. Podía ser una Oreo, una Tritón, pero parecía más una noche oscurísima, con los ojos como estrellas.

Fuimos al supermercado más cercano, y compramos un par de cosas necesarias, como platitos para comida, y un par de detalles más. Me quedé esperando afuera, mientras mi novia estaba dentro. Noche empezó a llorar tan desoladamente, que me imaginé que debía sentirse muy confundida.

Noche parecía ser una especie de drama queen, de todos modos. Hasta que no nos movimos, no dejó de gemir lastimosamente. Lo bueno es que ya estábamos en camino, la idea era irse pronto a casa.

Usualmente nos movemos en bicicleta con mi novia, así que esta vez fue una gran excepción: tomamos el transantiago, y llegamos más o menos pronto a casa. Doña Noche, bautizada así por su negrura absoluta, tiritaba de miedo, nervios o frío.

Veníamos chochas con mi nena: era nuestro nuevo familiar, de ojitos de aceituna y pelaje brillante.

Al llegar a casa, le pusimos una linda mantita de picnic como cama, su plato con agua, y algo de comida. Los pipís partieron en delivery por toda la casa (son 30 metros cuadrados, así que no es muy difícil), y también la primera caca, que fue a dar al medio del living.

Éste es el día 1, en que la Noche llegó a casa, y comenzó a ser parte de nuestros días. Durmió al lado mío, pero no en la cama, si no que sobre su mantita doblada y mullida. Cada tanto lloraba, y yo le tendía la mano, un par de caricias, y listo.

Así partió todo. Y estamos felices.

 

PS: No, no me he olvidado de la Mako, la poodle negra de la que les conté acá mismo. Sigue perfecto, pero le pertenece en verdad a mi madre, y es feliz. :)

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